domingo, 5 de noviembre de 2017

Noches de insomnio

Es bien sabido que por la madrugada es cuando mas solo te sientes, cuando mas extrañas las cosas y hasta el café de siempre sabe mas amago, y lamentablemente para mi, estas ultimas noches no han salido precisamente tranquilas.
Empezó con las cosas mas simples, tratando de organizar mis tiempos, pensando en el trabajo y cosas de la escuela, pero poco a poco esos pensamientos fueron abandonando mi mente y me fui llenando de recuerdos, algunos buenos, otros no tanto, pero todos me llenaron de melancolía.
Entonces pasa que creas toda una revolución en tu cabeza, te preguntas que estas haciendo y si lo estas haciendo bien, si realmente vale la pena o si deberías cambiar de aires, pero en mi caso, ya llevo un cambio, ya perdí mucho tiempo, y siento que vivo en contra del reloj, no se si tome la decisión correcta o no, y cometo el error de mirar hacia atrás, y comienzo a extrañar muchas cosas.
Extraño la ciudad en la que vivía, a mis amigos, a mi familia, mis actividades de rutina y aquellas que surgían de vez en cuando, pero sobre todo me extraño a mi, porque si, también se puede extrañarse a si mismo.
Se que suena estúpido, pero cuando me doy cuenta de todas las cosas que han cambiado en un año me no pudo evitar extrañar mi vida y desear que vuelva, porque era feliz, y me sentía viva, me sentía plena.
Veo mis fotos y me extraño.
Extraño bailar, la sensación de estar en un escenario, y extraño dar clases , enseñarle a mis pequeñas no solo a ser bailarinas, si no a amar el baile, a apasionarse y a ser mejores cada día.
Extraño saber que cuando algo estaba mal bastaba una llamada y mi mejor amigo estaría ahí en menos de una hora, con su guitarra y los mejores consejos, o que dos de mis amigas vivía a solo 15 minutos de mi casa y que bastaba con llamar y decir "nos vemos en bips " para asegurar una tarde de chicas.
Extraño la calma que habitaba en mi casa, extraño ser solo papá y yo, extraño ver a Alice dormir tranquilamente en el sofá, extraño los domingos familiares y los sábados de lectura y café.
Extraño sentirme libre de ser espontanea sin temor a que me juzguen, porque todos están acostumbrados a mi y a mis ideas extrañas.
Me extraño y quiero volver, pero es casi imposible, y entonces comienza el inevitable odio a la distancia, a los cambios, al presente.
Comienzo a vivir de recuerdos, y los recuerdos me consumen.
Entro en un ciclo vicioso, siempre lo mismo en cada noche de insomnio.

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